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miércoles, 22 de abril de 2009

A partir del domingo 26 de abril la Sala TAC de Trasnocho Cultural presenta: Pintando La Espiral. Barro Guaro


En Venezuela existen los loceros, quienes desde la época neolítica, han adquirido la técnica de realizar objetos con una mezcla maleable y moldeable llamada arcilla, producida de la unión de tierra y agua que, al tener contacto con el fuego, resulta dicho material totalmente distinto a los cuatro elementos ya existentes, realizándose así la técnica de la alfarería.

A partir del próximo domingo 26 de abril en la Sala TAC de Trasnocho Cultural, Aquilino Castillo, Rosalbina Rojas y Críspula Acosta presentarán piezas de elaboración única, basadas en este maravilloso arte, presentando cada uno su sello personal impreso.

Según Cecilia Fuentes, escritora de los textos del catálogo, “a lo largo de siglos, la experiencia hizo posible el desarrollo de técnicas de elaboración y ornamentación complejas y, sobre todo, la diversificación de objetos de usos, formas y funciones muy diversas, hechos de arcilla. Desde los más simples necesarios para la cocción, consumo y almacenaje de alimentos y bebidas, tablillas para escribir y registrar los hechos históricos, materiales para la construcción de paredes y techos de viviendas, adornos personales, imágenes de dioses a los cuales recurrir en momentos de crisis, objetos de culto tales como braseros e incensarios y hasta corporales como las urnas funerarias donde conservar, presumiblemente para la eternidad, restos de seres humanos”. 

Hoy en día, la elaboración de piezas como las realizadas por estos tres alfareros, constituyen una obra de arte, no sólo por la cuidadosa elaboración manual sino por los conocimientos ancestrales que cada locero recogió de sus generaciones anteriores. Señala Cecilia: “Nunca sabrán de qué manera insólita se combinarán sobre la superficie de cada objeto, producto de la misma mezcla y cocción, las manchas sombrías y las de tonos, colores y formas diversas, que surgirán misteriosamente en forma de motivos abstractos, extrañas nebulosas e intrincados paisajes lunares, diferentes en cada ejemplar”. 

Pintando la espiral. Barro guaro, tendrá lugar en la Sala TAC desde el domingo 26 de abril de 2009 hasta el domingo 07 de junio del mismo año.

Fuente: NP


martes, 7 de abril de 2009

Invidente Fotosensible en el Celarg hasta este 19 de abril

Rodrigo Benavides
Director, Núcleo Fotosensible, talleres de fotografía. www.fotosensible.org

Esta experiencia, que presentamos en el marco de la celebración del sexto aniversario de actividades docentes del Núcleo Fotosensible, Talleres de Fotografía, constituye un ámbito poco conocido por el público de nuestro país. Por medio de técnicas especiales de luz y una dinámica que promueve el ejercicio de la imaginación –técnica puesta en práctica por algunos fotógrafos ciegos de varias partes del mundo–, se accede a momentos que parecen extraídos directamente de los sueños que tienen lugar en la mente humana.
 
Los alumnos que han cursado en nuestra institución el «Taller invidente: la figura humana», dictado por la fotógrafa Sonia Soberats –venezolana con residencia en Nueva York y también invidente–, han expresado el impacto emocional que ha generado en ellos las infinitas posibilidades de estas imágenes únicas e irrepetibles. Muy particularmente han manifestado la profunda huella que ha dejado en su interior la enseñanza de vivir las realidades e implicaciones inherentes a la discapacidad visual.
 
La muestra presentada es el resultado de la experiencia ofrecida tanto a un grupo de invidentes, que conforman la Asociación Nacional de Ciegos de Venezuela, como a videntes cuyos ojos fueron vendados para sentir la experiencia de la oscuridad. Hemos entendido, a través de estas vivencias, que las fotografías así construidas se convierten, felizmente, en un valioso eslabón que comunica las necesidades expresivas de los expositores con la necesidad de estímulo y aliento de quienes, por diversas razones, han perdido su capacidad de ver lo que tienen a su alrededor.
 
Más allá del primer impacto que generan estas imágenes, se suceden una serie de cuestionamientos por parte del espectador. Algunas inquietudes individuales se traducen en representaciones alusivas al pasado y al presente. Los recuerdos juegan un papel fundamental en el continuum de estos procesos lineales y consecutivos, allí donde la imagen resultante suele ser fértil para la ficción. Todo este proceso parece una paradoja en cierta medida equivalente a lo que ocurre con la película fotográfica analógica, la cual registra imágenes de escenas o situaciones que tienen lugar en el exterior –iluminado–, que viajan, a través del lente y por medio de la luz, hacia el interior de la cámara –en oscuridad total. Los ciegos hacen, por el contrario, el viaje al revés: visualizan en el interior –de sus mentes– lo que captarán en el exterior –por medio de la cámara. Hasta cierto punto, podría decirse que sus experiencias transcurren en negativo, es decir, captan fotográficamente lo que se observa desde el otro lado del espectro lumínico. Tal como sucede en el espacio exterior, donde la oscuridad lo es casi todo, aquí se palpan fotografías ingrávidas y la mente que las puede imaginar.